viernes, 26 de junio de 2015

Desprendernos

Por Joanna de Hidalgo


Ya casi llegaba el tiempo de partir a nuestro país, pero mi deseo y el de mi esposo era poder quedarnos más tiempo en Honduras. Oramos al Señor y le presentamos nuestro anhelo. Hace unas semanas le dije a Eduardo, “Estoy lista. Si nos quedamos o no, es decisión del Señor. Me desprendí por completo de aquello y llegué a un punto de querer volver a México. Pero me di cuenta que el Padre actúa de maneras misteriosas; cuando dejamos de aferrarnos a algo, es cuando Él nos sorprende. ¡Nos vamos a quedar un año más en Honduras! 

viernes, 19 de junio de 2015

Siembra y Cosecha

Por Xenia de Musa

Hace dos sábados, todos en la casa estuvimos pendientes de los pedidos de comida que nos hacen; sin embargo, para ese día no tuvimos ninguno. En la tarde, Michelle me dijo que el Señor le había puesto en su corazón invitar a una familia a comer a la casa, y así lo hicimos. Ellos llegaron y mi esposo y yo los atendimos; pasamos un tiempo muy agradable donde adoramos al Señor y atendimos a unos cuantos clientes. La familia se fue como a las diez de la noche, pero antes de irse la hermana me dijo: “Esta siembra no se va a quedar sin cosecha.” Y pude ver esa palabra cumplida el domingo. ¡Fue increíble! Llegaron muchos clientes, tanto de los alrededores como personas que iban por primera vez. Era la mano de Dios en medio nuestro. ¡Cuánta bendición trae el escuchar y obedecer Su voz!

viernes, 12 de junio de 2015

Él es mi Herencia

Por Jenny de Varela

Cuando vino la profeta de Argentina, Cecilia Toloza, yo estaba a la expectativa de lo que el Señor iba a hacer. Fue un tiempo de bendición y mucha edificación para el pueblo; de toda la palabra que ella soltó, yo tomé una para mi vida. Ella dijo que el Señor nos iba a sorprender en lo que quedaba del año y el que estaba por venir. Y así fue, el Padre me sorprendió de diferentes maneras.

Cuando comenzó este año, el Espíritu Santo me indicó que la carta de agradecimiento y peticiones que se entrega en el día de Primicias la hiciéramos en familia, y no individual, como lo habíamos hecho en años anteriores. Nos sentamos y comenzamos a nombrar todas las cosas por las cuales le agradecíamos a Dios y dentro de las peticiones, escribimos que nos enviara la provisión para comprar la casa.

La casa donde vivimos era de mi suegra, y ella nos había dicho que nos la iba a vender a un precio muy cómodo; sin embargo, aún no teníamos el dinero suficiente para pagarla. Lo interesante es que en septiembre del año pasado, mi mamá me dio una herencia de un terreno que vendió en Santa Bárbara, y me dijo que lo usara para comprar la casa; pero en mi corazón, no sentía que ese dinero era para mí. El Señor me indicó que lo sembrara en alguien más.

Dos semanas después de las primicias de este año, mi mamá me llamó para decirme que me iba a hacer un depósito a mi cuenta, y me sorprendió que la cantidad que me dio fue la que yo había sembrado, más la mitad. Con eso terminé de arreglar varias cosas de la casa y deje lo necesario para hacer la compra; así que llamé a mi suegra y nos pusimos de acuerdo para hacer el trámite. Después de un tiempo, mi esposo fue a visitar a su mamá porque se enfermó. Él le dijo que estaba casi todo listo para hacer la compra, y ella le contestó, “¿Sabes qué? Ya no les voy a vender la casa… Se las voy a regalar. Es parte de la herencia que te voy a dejar.

Con esta experiencia aprendí que es importante que hagamos las cosas en familia, porque después de estar yo sola año tras año pidiendo por la provisión de la casa, el Señor se glorificó cuando se lo pedimos como familia. También aprendí que todo sucede en el tiempo de Él, y por lo tanto, hay que tener paz, paciencia y confianza en nuestro Creador. ¡Él es mi Herencia!

viernes, 5 de junio de 2015

Tomar la Autoridad

Por Ana Raquel Henríquez

Un par de domingos atrás decidí darle una visita a mi abuela; Leo García me llevó hasta la casa de ella, pero cuando llegamos no había nadie. Llamé a mi abuela y me informó que se encontraba visitando a una amiga en El Progreso, así que le pedí la dirección y llegamos hasta el lugar. Después de un rato me di cuenta que la dueña de esa casa estaba muy enferma; y de repente, frente a los ojos de todos los presentes en la habitación, ella comenzó a sufrir parálisis en todo el cuerpo; llegó a un punto donde no podía mover ningún músculo, ni pronunciar palabras, porque la lengua la tenía enredada. 

Precisamente, ese domingo se predicó acerca del poder de la Iglesia de Cristo y el viernes en la reunión local se habló sobre la actitud proactiva que debemos tener cuando nos movemos en el Reino de Dios. En la habitación sólo habíamos quedado Leo y yo, todos los demás salieron porque sentían miedo. Comencé a entrar en pánico, no sabía qué hacer ante tal situación, y Leo me dijo, “Ana, creo que tenemos que orar por ella”, pero de lo nerviosa que me sentía, no quería hacerlo; además, estaba apenada por mi familia, no quería que ellos me vieran orando por alguien a quien yo no conocía. Pero Leo me confronto y me dijo: “No, Ana. Tenemos que hacerlo”. Fuimos hasta donde los familiares de la señora, que ya estaban planeando en llevarla al hospital más cercano, y les preguntamos si podíamos orar por ella. Nos dijeron que si, así que nos acercamos y comenzamos a profetizar y declarar palabras de vida. 

Mientras estábamos en ese ámbito, la señora comenzó a moverse, primero sus manos, luego sus pies, después abrió sus ojos y todos los demás se acercaron y comenzaron a hacerle preguntas. Ella aun no podía hablar, porque su lengua continuaba enredada; la movimos hasta otra habitación y seguimos orando. Finalmente, comenzó a pronunciar palabras; nos dijo que estaba muy agradecida porque creímos que ella se iba a mejorar, y asombrada por lo que había pasado, ella nunca había visto a alguien orar de la manera poderosa en la que Leo había orado. Con esta experiencia aprendí mi lección: No hay que ser tímidos cuando alguien se encuentra entre la vida y la muerte. El Señor ya nos dio la autoridad, y si tenemos eso y al Espíritu Santo, vamos a ser testigos de Sus grandes maravillas.