En el 2006 a mi hermana Soledad de Pineda le detectaron un quiste cerca de su hígado. Le instruyeron que se hiciera ultrasonidos periódicamente para revisar el estado de la anomalía. A partir de ese momento iba dos veces al año para hacer chequeos y los reportes no eran buenos. El quiste cada vez se hacía más grande a tal punto que llegó a ser del tamaño de una naranja. Los doctores le hablaron de ser intervenida quirúrgicamente a lo que ella respondió con temor, ya que no quería que le hicieran operación de ningún tipo. El lunes de la semana pasada se preparó para ir a hacerse una revisión, pero esa mañana oró creyéndole al Señor que Él haría la obra en su vida. Cuando el doctor le estaba realizando el ultrasonido, él la miro extrañado y le dijo que no hallaba el quiste. Le hizo muchas observaciones para confirmar lo que sus ojos veían y definitivamente, el quiste de mi Hna. Soledad desapareció. ¡Gloria al Señor!

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