viernes, 1 de julio de 2016

El Caso del Lápiz

Hace dos semanas le entregué a una persona (a quien llamaremos Juan) un lápiz electrónico que se usa en el sistema inteligente del mimio que hay en la escuela donde trabajo; yo quedé como responsable del objeto. Pasaron unos días y resulta que Juan perdió el lápiz; comenzamos a buscarlo por todos lados, pero no apareció. Estaba claro que me iba a tocar pagarlo, y el precio andaba alrededor de US$135. Este miércoles era el día de entregar todo los materiales a la escuela, y el martes en la noche le comenté a mi mamá del problema y me dijo que oráramos. En su oración, ella pidió que aquella persona no estuviera tranquila hasta dar la cara por el lápiz. Pues para mi sorpresa, al día siguiente, Juan me saludó en la mañana y me dijo: Mire, encontré el lápiz, vaya entréguelo. No sé dónde, ni como, porque era casi imposible, pero sé que para mi Dios no hay nada imposible.

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