viernes, 17 de junio de 2016

El Caso de las Llaves

Hay cosas que tienen una explicación lógica, hay otras que no. Así como lo que le ocurrió a mi hermana Wendy Fonseca. Hace dos sábados tuvimos nuestro ensayo como grupo de alabanza en las oficinas de IPV. Wendy estaba encargada de cerrar y devolver las llaves a la persona que se las prestó. Al día siguiente, cuando el propietario le preguntó por ellas, comenzó a buscarlas donde creyó que las había guardado; pero las llaves no estaban allí. Registró en su cartera, en su cuarto, en su casa, en el pickup blanco (que fue el vehículo en el cual se transportó el sábado de regreso a casa), e incluso buscó en todos los lugares donde había caminado, pero no las encontró. Cuando ella le comentó al dueño de las llaves lo ocurrido, él le dijo, “Tranquila, Wendy. Ya van a aparecer.” Desde ese momento, ella se mantuvo en constante oración y muchos hermanos que se dieron cuenta del caso de las llaves perdidas también la acompañaron. Pasó una semana entera y aún seguían desaparecidas. Wendy decidió no cargarse más y le entregó su angustia al Señor. A todos nos sorprendió cuando el fin de semana pasado que estábamos de misión en La Ceiba, el hermano Nelson Fonseca encontró las llaves en la camioneta. “No entiendo cómo, de todos los lugares, estaban allí. Pero de algo si estoy segura y es que el Espíritu Santo permanece fiel y es nuestro mejor Amigo.”

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