Lo que le ocurrió a mi hermana Abigail Fuentes sólo prueba que el Señor conoce todas nuestras necesidades. Hace unas semanas, la Hna. Abigail se acercó a mí para pedirme ayuda en la instalación de una aplicación de biblia para su celular. Tuve algunas dificultades, ya que su celular tenía poca memoria interna y estaba llegando a su límite. Finalmente, logramos instalarle la aplicación y le comenté el detalle de su espacio de almacenamiento. Ella me dijo que ya se había dado cuenta, y que estaba pensando en hacer un reinicio de fábrica para poder eliminar archivos innecesarios que sólo estaban consumiendo espacio. A los días, se acercó otra vez a mí para que le ayudara a hacer ese reinicio. Lo hicimos, pero lo increíble fue que después de eso, ya no se le podía instalar nada. “Ay, Angie. Yo sólo necesito el celular para poder hacer llamadas, mandar mensajes de whatsapp, y leer la biblia”. Pero para eso, se necesita un celular con mayor espacio de almacenamiento. Le sugerí algunas opciones y ella se determinó a ahorrar para adquirir un móvil que se ajustara a lo que ella pedía. A la semana siguiente, la encontré afuera del templo con mi Hna. Patty Pérez, y con una sonrisa me dijo, “Angie, me acaban de regalar un celular nuevo, y este sí tiene más memoria. Yo no le dije a nadie más de mis planes, sólo tú y el Señor lo sabían.” Un blog nacido de la columna de testimonios de Buenas Nuevas, relatando las cosas extraordinarias que Dios hace en las vidas de los miembros de Iglesia Piedras Vivas de La Lima. Jueces 6:36-38
viernes, 24 de junio de 2016
Celular
Lo que le ocurrió a mi hermana Abigail Fuentes sólo prueba que el Señor conoce todas nuestras necesidades. Hace unas semanas, la Hna. Abigail se acercó a mí para pedirme ayuda en la instalación de una aplicación de biblia para su celular. Tuve algunas dificultades, ya que su celular tenía poca memoria interna y estaba llegando a su límite. Finalmente, logramos instalarle la aplicación y le comenté el detalle de su espacio de almacenamiento. Ella me dijo que ya se había dado cuenta, y que estaba pensando en hacer un reinicio de fábrica para poder eliminar archivos innecesarios que sólo estaban consumiendo espacio. A los días, se acercó otra vez a mí para que le ayudara a hacer ese reinicio. Lo hicimos, pero lo increíble fue que después de eso, ya no se le podía instalar nada. “Ay, Angie. Yo sólo necesito el celular para poder hacer llamadas, mandar mensajes de whatsapp, y leer la biblia”. Pero para eso, se necesita un celular con mayor espacio de almacenamiento. Le sugerí algunas opciones y ella se determinó a ahorrar para adquirir un móvil que se ajustara a lo que ella pedía. A la semana siguiente, la encontré afuera del templo con mi Hna. Patty Pérez, y con una sonrisa me dijo, “Angie, me acaban de regalar un celular nuevo, y este sí tiene más memoria. Yo no le dije a nadie más de mis planes, sólo tú y el Señor lo sabían.” viernes, 17 de junio de 2016
El Caso de las Llaves
Hay cosas que tienen una explicación lógica, hay otras que no. Así como lo que le ocurrió a mi hermana Wendy Fonseca. Hace dos sábados tuvimos nuestro ensayo como grupo de alabanza en las oficinas de IPV. Wendy estaba encargada de cerrar y devolver las llaves a la persona que se las prestó. Al día siguiente, cuando el propietario le preguntó por ellas, comenzó a buscarlas donde creyó que las había guardado; pero las llaves no estaban allí. Registró en su cartera, en su cuarto, en su casa, en el pickup blanco (que fue el vehículo en el cual se transportó el sábado de regreso a casa), e incluso buscó en todos los lugares donde había caminado, pero no las encontró. Cuando ella le comentó al dueño de las llaves lo ocurrido, él le dijo, “Tranquila, Wendy. Ya van a aparecer.” Desde ese momento, ella se mantuvo en constante oración y muchos hermanos que se dieron cuenta del caso de las llaves perdidas también la acompañaron. Pasó una semana entera y aún seguían desaparecidas. Wendy decidió no cargarse más y le entregó su angustia al Señor. A todos nos sorprendió cuando el fin de semana pasado que estábamos de misión en La Ceiba, el hermano Nelson Fonseca encontró las llaves en la camioneta. “No entiendo cómo, de todos los lugares, estaban allí. Pero de algo si estoy segura y es que el Espíritu Santo permanece fiel y es nuestro mejor Amigo.”viernes, 10 de junio de 2016
Todo Lo Hace Perfecto
Platicaba con mi hermana Mirna de Padilla y me bendijo mucho una experiencia que tuvo esta semana. “Hermana Angie, es que el Señor todo lo hace perfecto.” Me comentó que ella y su familia tenían planificado un viaje para la capital; tenían una cita con fecha y hora para hacer un trámite de Marcela. Para ese mismo día y a la misma hora, había otra familia de la iglesia que tenía una cita en Tegucigalpa. Decidieron hacer el viaje juntos y el Padre los sorprendió de muchas maneras durante todo el camino y en su estadía. “Cuando entramos a la ciudad, se vino una fuerte lluvia que nos impidió preguntar por direcciones, pero la hermana que iba con nosotros le ordenó a las nubes que se fueran a un lugar desértico e inmediatamente la lluvia cesó.” Y así como esa experiencia, hubo muchas. “El Señor estaba en control de todo; Él iba abriendo puertas.” De regreso a casa, tuvieron la oportunidad de orar por una persona y a dar palabra de ánimo. “Entendí lo importante que es impartir de lo que el Señor nos ha dado y no quedarnos callados. Hay muchos que lo necesitan.”viernes, 3 de junio de 2016
Nuestra Mirada en Dios
A veces el Señor tiene unas formas muy particulares de sanarnos de nuestras dolencias. Mi hermana Joanna de Hidalgo me compartió que cuando vino la compañía de ballet a impartir talleres de danza en abril, ella sintió un fuerte dolor en su rodilla cuando hizo un paso. A partir de ese momento, el malestar regresaba cuando ella realizaba ciertos movimientos. El domingo pasado, mientras danzaba, la rodilla le tronó y ya no ha sentido dolor alguno. “Puedo ver que cuando ponemos nuestra mirada en Dios, Él se encarga de todo lo demás.”
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