Por Liza Welsh
El jueves pasado no me sentía emocionalmente bien; pasó algo y mi corazón se entristeció. Cuando llegué a mi casa, me acordé de un consejo que dio un ministro: "Hay que leer la Palabra, porque en la Palabra vamos a encontrar respuestas". Me dispuse a leer unos versículos de la Biblia y luego me fui a acostar. El viernes en la madrugada me levanté porque estaba inquieta, así que me postré y comencé a clamarle al Señor. Le dije: “Dios, saca todo lo que estorba en mi corazón, ya sea resentimiento, amargura, tristeza, heridas... Todo lo entrego a Ti. Ayúdame a perdonar a quien tengo que perdonar.” Empecé a orar en lenguas y cuando terminé, me fui a acostar otra vez. Soñé que estaba en mi casa y vi a la Hna. Silvia de Núñez que caminaba por el lugar y que entraba a todos los cuartos; llegó hasta mi habitación y entró hasta en el baño. En ese momento me di cuenta que era el mismo Espíritu Santo que estaba trabajando en lo profundo de mi corazón.
Ese día en la escuela, me encontré a Silvia y le pregunté: "Silvia, ¿y por qué hoy viniste tan temprano?" Y ella me respondió: "Porque vine a orar a las seis." Le pregunté: "Y qué recibiste?" "Recibí que el Señor quiere entrar en lo más profundo del corazón de todos los maestros, para que dejemos de ver las cosas naturales, y nos enfoquemos en las espirituales.", me contestó. Me sorprendí y le compartí el sueño que había tenido con ella, y le comenté la interpretación que tuve del sueño. Caminamos un rato y ella oró por mí.
El domingo en la reunión me sorprendí que la Hna. Iona estuviera entonando la alabanza "Dame un nuevo corazón, Señor. Un corazón para adorarte, un corazón para servirte; dame un nuevo corazón, Señor." Luego, ella pidió un manto e hizo un llamado a todos aquellos que tenían que despojarse de amargura, resentimientos y todas esas cosas que impedian el fluir del Espíritu Santo. ¡Todo estaba en la línea!
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