Dios es Nuestra Justicia
Por Carmen McDermoth
El lunes pasado, mi hijo Edgard salió de la casa a hacer un mandado donde uno de mis sobrinos. Cuando él iba en camino, se encontró que unos oficiales tenían agarrado a mi sobrino. Él quizo defenderlo, pero fue en vano, ya que también lo esposaron a él. Lo llevaron a la posta policial y lo querían culpar de un delito que no cometió. Yo le oraba al Señor para que hiciera la obra, porque mi hijo no había cometido delito alguno. Lo trasladaron al penal y tres días después le dieron libertad. ¡Dios es nuestra justicia!
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