viernes, 5 de mayo de 2017

Clases

Después de terminar el último período universitario del año 2016, hice revisión de las clases que me quedaban por cursar y armé un plan para terminar con las últimas 6 materias en dos períodos del 2017, para así graduarme lo antes posible. Sin embargo, en la última semana de diciembre mi plan se vio amenazado cuando me di cuenta que la universidad no había abierto sección para dos de mis asignaturas para el primer período del 2017. En ese momento no podía contactarme con ninguna autoridad universitaria, ya que estaban en tiempo de vacaciones. Por un momento pensé que iba a retrasarme con los estudios y que no iba a lograr cumplir mi meta. Días después me di cuenta que el motivo por el cual la universidad no abrió las clases fue porque habían pocos estudiantes matriculados, y debía ser un mínimo de 12 por clase; y tan solo éramos 5 los que queríamos matricular. Cuando hicimos la petición para que nos abrieran las dos clases, la respuesta de la universidad fue no. Intentamos por muchos medios que nos dieran la oportunidad de llevar esas dos clases, pero las autoridades no nos daban ninguna esperanza. Llegó un momento en que le pedí a dos jóvenes de la iglesia que me ayudaran a orar por la situación y yo le dije al Señor: Tú sabes que mi plan es graduarme pronto, pero si esa no es Tu voluntad, entonces la acepto. Que se haga como Tú digas. 
A la semana siguiente, el grupo de compañeros que deseábamos matricular las clases tuvimos una reunión con el decano de la facultad; le explicamos nuestra situación y él prometió darnos una respuesta lo más pronto posible. Gracias a Dios, ¡nos abrieron las clases! Él es el único que puede abrir puertas donde parece imposible abrirlas.

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