Me gozo mucho con el testimonio de mi hermana Carolina de Jiménez. Ella tiene la convicción de que este es el tiempo de ella y su familia. De su boca sólo se pueden escuchar alabanzas a Dios. En lo personal, me cuesta mucho testificar cuando no me siento bien, cuando no me siento lo suficientemente llena del Espíritu Santo, o cuando estoy pasando por temporadas de invierno (tal vez algunos se sientan identificados). Si me preguntaran en cualquiera de esos momentos: Angie, ¿querés testificar de algo? Inmediatamente mi respuesta sería: No, no tengo testimonio ahorita. Vuelva más tarde cuando ya se me haya pasado la aflicción. ¡Gracias! Bueno, no lo diría con esas palabras exactamente, pero esa es la idea. Y me he puesto a pensar, ¿por qué nos cuesta tanto testificar? ¿Por qué tenemos la tendencia a clasificar los testimonios como “grandes” o “pequeños”? Yo tengo un Dios grande y maravilloso, así que las cosas que Él hace para y por nosotros se pueden clasificar como tales. Salmo 34:1 nos habla de bendecir al Señor en todo tiempo, que su alabanza este de continuo en nuestra boca; no sólo cuando nos esté yendo bien, sino en TODO tiempo. ¡Ay, hermana Angie! Pero usted no sabe lo que cuesta. Santiago nos da una pista: Si alguno de ustedes está afligido, que ore. Si alguno está contento, que cante alabanzas. ¡Todo apunta a buscar al Señor! Porque lejos de Él nada podemos hacer. Entonces volviendo a mi hermana Carolina, sé que ella está pasando por una etapa de prueba, pero me impresiona ver que ella no calla, y le da gloria a Dios en todo momento. Es más, reconoce que era necesario que ella y su familia pasaran por lo que están pasando para ser formados en carácter. Al final de cuentas, con el Señor todo obra para nuestro bien. Entonces mi hermano, ¿qué te detiene para testificar?Un blog nacido de la columna de testimonios de Buenas Nuevas, relatando las cosas extraordinarias que Dios hace en las vidas de los miembros de Iglesia Piedras Vivas de La Lima. Jueces 6:36-38
viernes, 10 de marzo de 2017
¿Qué te detiene?
Me gozo mucho con el testimonio de mi hermana Carolina de Jiménez. Ella tiene la convicción de que este es el tiempo de ella y su familia. De su boca sólo se pueden escuchar alabanzas a Dios. En lo personal, me cuesta mucho testificar cuando no me siento bien, cuando no me siento lo suficientemente llena del Espíritu Santo, o cuando estoy pasando por temporadas de invierno (tal vez algunos se sientan identificados). Si me preguntaran en cualquiera de esos momentos: Angie, ¿querés testificar de algo? Inmediatamente mi respuesta sería: No, no tengo testimonio ahorita. Vuelva más tarde cuando ya se me haya pasado la aflicción. ¡Gracias! Bueno, no lo diría con esas palabras exactamente, pero esa es la idea. Y me he puesto a pensar, ¿por qué nos cuesta tanto testificar? ¿Por qué tenemos la tendencia a clasificar los testimonios como “grandes” o “pequeños”? Yo tengo un Dios grande y maravilloso, así que las cosas que Él hace para y por nosotros se pueden clasificar como tales. Salmo 34:1 nos habla de bendecir al Señor en todo tiempo, que su alabanza este de continuo en nuestra boca; no sólo cuando nos esté yendo bien, sino en TODO tiempo. ¡Ay, hermana Angie! Pero usted no sabe lo que cuesta. Santiago nos da una pista: Si alguno de ustedes está afligido, que ore. Si alguno está contento, que cante alabanzas. ¡Todo apunta a buscar al Señor! Porque lejos de Él nada podemos hacer. Entonces volviendo a mi hermana Carolina, sé que ella está pasando por una etapa de prueba, pero me impresiona ver que ella no calla, y le da gloria a Dios en todo momento. Es más, reconoce que era necesario que ella y su familia pasaran por lo que están pasando para ser formados en carácter. Al final de cuentas, con el Señor todo obra para nuestro bien. Entonces mi hermano, ¿qué te detiene para testificar?
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario