Mi hermana Miriam Maldonado se acercó a mí para decirme que iba a contarme un testimonio; di gloria a Dios porque llevaba semanas preguntándole si tenía algo para compartir con la congregación. Me comentó que hace unos días ella fue a visitar a su mamá; cuando llegó vio a una señora en la entrada de la casa. Cuando la mujer se dio cuenta que allí estaba mi hermana Miriam, salió a su encuentro para abrazarla. Mi hermana Miriam le devolvió el abrazo y comenzó a ministrarla. La señora le contó que estaba muy afligida porque uno de sus hijos llevaba una semana de haberse perdido en Tegucigalpa, lo habían buscado sin éxito alguno. La madre del muchacho se estaba preparando para salir en su búsqueda al día siguiente; sin embargo, los comentarios que escuchaba al respecto eran negativos, nadie le daba esperanzas de que fuese a hallar a su hijo con vida. Al escuchar esto, mi hermana Miriam oró por este muchacho, y envío palabras de vida; ella tuvo la convicción de que iba a aparecer con bien. Al siguiente día, mi hermana Miriam recibió la llamada de su mamá para decirle que encontraron al muchacho y que no hubo necesidad de que la mamá se movilizara.
El martes de la semana pasada, la mamá de la Hna. Miriam volvió a llamarla para notificarle que su hijo estaba desaparecido. Así como ella oró por aquel muchacho, así oró por su hermano. En cuestión de horas, su hermano estaba llegando a casa. ¡Tenemos el poder de Cristo para declarar!
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