viernes, 27 de enero de 2017

Guitarra

Mi hermana Reina de Hernández llegó a mi oficina de trabajo y noté que andaba algo apurada. Me dijo que quería adquirir un libro y aproveché la oportunidad para entablar una conversación con ella. Le pregunté si tenía algo por lo que testificar y de inmediato vi como sus ojos adquirieron un brillo diferente, me sonrío y me dijo: “¡Claro que sí! Aunque este testimonio es más de mi hijo Josué, me bendijo en gran manera.” Ella me compartió que matricularon a Josué en la Escuela de Artes para que tome clases de guitarra; sin embargo, no poseían el instrumento, ni tampoco los recursos para adquirirlo en ese momento. Josué le preguntó a su mamá como iban a hacer con la guitarra, ya que estaban a punto de comenzar las clases y era necesario que él se presentara con ella; mi hermana Reina le respondía: “Ore, pídale al Señor su guitarra.” Después de unos días, mi hermana Reina recibió una llamada desde los Estados Unidos y esa persona le dijo que enviaría la provisión para que Josué tuviera su guitarra. Y con un fuerte abrazo, mi hermana Reina se despidió porque tenía que ir a realizar esa compra especial.

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