Originalmente yo no estaba asignada a Masaguara. De hecho, tuve tres cambios antes de llegar a ese municipio. Recuerdo que el primero fue Guayape, Olancho, pero al día siguiente se hizo un movimiento y el otro lugar fue Concepción, Intibucá. Oré de acuerdo a eso, conseguí contactos de pastores y del alcalde, y gracias a Dios los corazones fueron sensibles en recibir la visión. Hice un viaje dos semanas antes del evento, con mis hermanos Daritza, Martín y Emily, para conocer a nuestros anfitriones. Creo que fue un viaje provechoso; de hecho, uno de los pastores que nos recibió nos dijo: Hermanos, vengan o no vengan, el altar siempre se va a levantar aquí. Una semana después le pedí a ese pastor que él se hiciera cargo de levantar el altar en su ciudad, ya que no iba a poder llegar por un cambio de equipo. Él muy amable me dijo que me descuidara, que ellos iban a tomar la autoridad. A tan sólo unos días del viernes, supe que iría a Masaguara, con mi hermana Liz Paz. No sabía mucho del lugar, y tampoco conocía a los pastores. Sin embargo, un pastor de Jesús de Otoro nos ayudó y arregló nuestro transporte y alimentación. Llegamos a Masaguara casi al mediodía, conocimos al pastor del lugar y a pesar de que habíamos llegado casi a quemarropa, él nos atendió y nos abrió las puertas de su templo. Conocimos el parque y un poco del municipio, y se percibía sequedad, desolación – en el ámbito natural y en el espiritual. El pastor nos sugirió que mejor el altar se levantara en el templo, ya que estaba iluminado y el parque no tenía alumbrado. Con Liz oramos al respecto y recibimos que el altar debía hacerse al centro del parque, porque el Señor disiparía toda tiniebla. Llegó la hora, y sólo teníamos una guitarra y más o menos 30 voces. Adoramos y el Señor se manifestó en medio de su pueblo. Muchos fueron libres para levantar sus manos y muchos fueron libres para expresar su amor al Señor a través de cantos. ¡Masaguara es de Cristo!Un blog nacido de la columna de testimonios de Buenas Nuevas, relatando las cosas extraordinarias que Dios hace en las vidas de los miembros de Iglesia Piedras Vivas de La Lima. Jueces 6:36-38
viernes, 11 de noviembre de 2016
Masaguara, Intibucá
Originalmente yo no estaba asignada a Masaguara. De hecho, tuve tres cambios antes de llegar a ese municipio. Recuerdo que el primero fue Guayape, Olancho, pero al día siguiente se hizo un movimiento y el otro lugar fue Concepción, Intibucá. Oré de acuerdo a eso, conseguí contactos de pastores y del alcalde, y gracias a Dios los corazones fueron sensibles en recibir la visión. Hice un viaje dos semanas antes del evento, con mis hermanos Daritza, Martín y Emily, para conocer a nuestros anfitriones. Creo que fue un viaje provechoso; de hecho, uno de los pastores que nos recibió nos dijo: Hermanos, vengan o no vengan, el altar siempre se va a levantar aquí. Una semana después le pedí a ese pastor que él se hiciera cargo de levantar el altar en su ciudad, ya que no iba a poder llegar por un cambio de equipo. Él muy amable me dijo que me descuidara, que ellos iban a tomar la autoridad. A tan sólo unos días del viernes, supe que iría a Masaguara, con mi hermana Liz Paz. No sabía mucho del lugar, y tampoco conocía a los pastores. Sin embargo, un pastor de Jesús de Otoro nos ayudó y arregló nuestro transporte y alimentación. Llegamos a Masaguara casi al mediodía, conocimos al pastor del lugar y a pesar de que habíamos llegado casi a quemarropa, él nos atendió y nos abrió las puertas de su templo. Conocimos el parque y un poco del municipio, y se percibía sequedad, desolación – en el ámbito natural y en el espiritual. El pastor nos sugirió que mejor el altar se levantara en el templo, ya que estaba iluminado y el parque no tenía alumbrado. Con Liz oramos al respecto y recibimos que el altar debía hacerse al centro del parque, porque el Señor disiparía toda tiniebla. Llegó la hora, y sólo teníamos una guitarra y más o menos 30 voces. Adoramos y el Señor se manifestó en medio de su pueblo. Muchos fueron libres para levantar sus manos y muchos fueron libres para expresar su amor al Señor a través de cantos. ¡Masaguara es de Cristo!
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