viernes, 27 de mayo de 2016

Como Niños

Me conmovió mucho lo que mi hermanita Jael Méndez me compartió. Parece algo sencillo, pero la verdad es que su corazón desbordaba agradecimiento al Señor de una manera que me hizo reflexionar en cómo, a medida que crecemos, estamos propensos a dejar de reconocer las cosas que Dios hace, por pequeñas que nos parezcan. Me contó que ella y su familia se subieron a una moto taxi después de visitar a una de sus tías. Se bajaron en un punto donde tenían que esperar el bus que los llevaría a casa. Después de un rato, el conductor de la moto taxi regresó y una de las pasajeras que había viajado con ellos les entregó una bolsa que habían olvidado. Hasta ese momento, ninguno se había percatado que faltaba ese objeto. “Yo le dije a mi mami: ¡Qué bueno es Dios! Él se encargó de devolvernos la bolsa y de cuidar lo que estaba dentro.” 

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