viernes, 24 de abril de 2015

En Salud o Enfermedad

Por Ivette de Alfaro

Esta semana mi hijo Alejandro cayó enfermo. Él es una persona que soporta cuando tiene algún dolor o malestar, no se queja, pero cuando llega a su límite, él no pide medicinas ni que lo llevemos a consulta con un doctor, lo que siempre me dice es: “Mamá, ora por mí, por favor. No me siento bien”. Eso pasó este lunes; le comenzó a dar fiebre y él vino hacía mí y pidió oración. Oré y creímos en el poder de sanidad que hay en el Nombre de Jesús y a los 10 minutos, la fiebre le bajó. El miércoles la fiebre volvió, lo tuvimos que hospitalizar y la doctora le aplicó un medicamento a través de intravenosa, pero sin resultados positivos. Ella nos dijo que si no se mejoraba, iba a tener que pasar el día allí. Cuando Alejandro escuchó eso, comenzó a mover los labios, pero yo no entendía lo que estaba diciendo. Me acerqué y le pregunté, “Hijo, ¿qué estás diciendo?”, él me respondió, “Estoy cantando alabanzas, mamá”. Me sorprendí porque sin que nadie le dijera algo, él comenzó a alabar. Le puse más atención y comencé a cantar con él las canciones del último CD de adoremos. A la media hora, la fiebre había desaparecido por completo. Ese mismo día salió del hospital y ya está en casa. En verano o en invierno, sea de noche o de día, en salud o enfermad, en tristeza o alegría, ¡alabaremos al Dios de nuestra salvación!

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