viernes, 22 de septiembre de 2017

Sencillez

Mi hermana Silvia de Núñez me compartía que esta semana se sintió muy cargada. Ayer que llegó a su casa les pidió a sus hijos orar juntos y ella se encontró en un momento clamando el Nombre de Jesús. Al terminar la oración, mi hermana Silvia cuenta que recibió una lección de vida con una de sus hijas. Le preguntó a Cesia si ella había recibido algo durante la oración, y ella le respondió que sí, y lo que le dijo dejo a mi hermana Silvia impactada: Recibí que en ocasiones los ambientes pesados no necesariamente tienen que ver con el ambiente espiritual en sí, ni con las personas que están allí. Sino más bien con uno mismo, porque es posible que uno es el que este muy cansado, muy cargado, o muy estresado y eso lo confunda a percibir que el ambiente está denso. Cuando le dijo eso, mi hermana Silvia le preguntó: Y entonces, ¿qué me querés decir con eso? A lo que Cesia le respondió: Bueno, desde que entraste por la puerta supe que venías cargada y angustiada. Yo no percibí que en la casa pasara algo, pero como vos entraste afligida, te movió a ministrar los ambientes.

Me cuenta también que el miércoles ella estaba angustiada pensando que ya se acercaba el tiempo de que Cesia entrara a la universidad; pero una vez más, Cesia le dijo: Mamá, no te preocupes por nada. Yo sólo sé que el Señor está en control de todo y Él es mi provisión. Eso para mi hermana Silvia fue como una medicina y ella meditaba en todo lo que los jóvenes tienen para dar, y que es necesario que los adultos tengan un corazón sencillo para recibir todas aquellas cosas que el Señor está hablando a través de la juventud.

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