viernes, 17 de febrero de 2017

Cuarenta Años

Mi hermana Ivette de Alfaro me compartió un testimonio muy especial. ¡No cabe de la alegría! Comenzó a decirme que desde que ella tenía nueve años sufría de dolores de cabeza terribles. Eran tan constantes que fue a hacerse exámenes para averiguar la causa del malestar, pero nunca le encontraron algo fuera de lo normal. Le recetaron unas pastillas para combatir el dolor; sin embargo, estas le produjeron efectos secundarios como gastritis, insomnio, alergias, y otras cosas. Durante 40 años vivió atrapada entre dolores y malestares; tanto así que se familiarizó con los síntomas; tuvo episodios fuertes donde se quedaba paralizada a causa de eso, pero en todos los exámenes salía bien, y la única explicación que los doctores le daban era que tenía una migraña nerviosa. Hace tres semanas ella visitó un dermatólogo porque comenzó a sentir mucha picazón en la piel, y este le dijo que a causa de los dolores de su cabeza y las pastillas que tomaba se le había generado una alergia. El domingo de esa semana, mi hermana Ivette llegó a la reunión con un dolor de cabeza casi insoportable y como el Señor es perfecto en todo; ese día se hizo un llamado para que pasaran todos aquellos que estaban enfermos. Mi hermana Ivette no quería pasar porque no consideraba que estuviese enferma, ya que casi toda su vida había convivido con eso; pero al final pasó y la persona que la ministró lo único que hizo fue ponerle la mano en su cabeza y le dijo: “¡Eres libre de toda enfermedad!” En ese momento, mi hermana Ivette sintió que algo caliente recorrió su cabeza y todo su ser. Cuando terminó la ministración se dio cuenta que ya no sentía el malestar. Para la gloria del Señor, lleva dos semanas sin tomar pastillas ni sufrir dolores de ningún tipo. ¡Nos gozamos con su sanidad!

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