Por Katia de Cardona
Hace unos días, Santiago se levantó muy inquieto por un dolor que sentía en su oído derecho. En la escuela lloraba mucho, pero algunas maestras y hermanas de la iglesia oraron por él. Me dieron permiso de llevarlo a la casa, y estando allí, las desesperación y las quejas se volvieron más fuertes. No sabía que hacer, era la primera vez que me encontraba en una situación así. Sólo le dije al Señor: Haz un milagro. Pasó un tiempo y Santiago se calmó. Lo llevé donde un médico para que lo revisara, y para nuestra sorpresa, no tenía absolutamente nada. Estoy convencida que Dios hizo la obra.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario