Por María José de Vásquez
Necesitaba una cartera y un reloj, porque los que tenía se me habían dañado. Hace poco, una hermana se me acercó y me dijo que quería darme una ofrenda. Lo primero que pensé fue: ¡Gracias a Dios voy a comprarme una de las dos cosas! Sin embargo, decidí sembrar eso en alguien más, y a los pocos días, otra persona me obsequió los dos artículos. Entendí que Dios da semilla al que siembra, y que tenemos que discernir qué es alimento y qué no lo es, para no comernos la semilla.